La última vez que don Gilberto manejó por carretera. Por: Josè Luis Barragàn

Por Redacción/ 0 Comentarios / Vistas / 2012

El pasado 11 de enero se cumplieron 5 años que murió don Gilberto Escobosa Gámez, gran amigo y padre de familia, gran ciudadano y gente de bien con quien mantuve una gran amistad  durante 18 años, persona a la que nunca olvidaré.

            Don Gilberto fue fundador y presidente de la Asociación de Cronistas Sonorenses, A.C., ACROS, desde 1991 hasta el 2004, es que los cronistas así lo querían y tuvo que ser el propio don Gilberto quien decidió dejar la dirección, entonces los cronistas de todos los municipios de Sonora lo designaron Cronista Honorario Vitalicio. Murió en el 2007, a punto de cumplir 90 años.

            Como Secretario Técnico de ACROS viví grandes experiencias con don Gilberto, como la de aquel 3 de julio de 1999 cuando de noche, bajo un aguacero entre rayos y centellas, condujo su Volkswagen desde Tepache a Hermosillo.

         Ese día, muy temprano, salimos de Hermosillo para Tepache donde se llevaría a cabo la Reunión Regional de Cronistas Municipales de la Zona Centro de Sonora. Como de costumbre algunos integrantes de ACROS íbamos en camioncito para 8 pasajeros, don Gilberto en su pequeño VW con otros tres cronistas y el resto se nos unirían en Tepache

Desayunamos en Ures, pasamos por Moctezuma. La sierra sonorense empezaba a reverdecer por efecto de las primeras lluvias aunque ni los ríos maduros llevaban agua efecto de la dura sequía que nos tocó vivir por aquel entonces.

         Asombro ante el “Malpais”, zona cubierta de piedra volcánica negruzca poco antes de llegar a Tepache, dicha piedra proviene del Cerrito Blanco, volcán inactivo que tuvo su última erupción en una época que se pierden en el tiempo. Esta zona comprende 20 kilómetros alrededor de dicho cerro. De una de las arterias o cueva del volcán se extrajo en el pasado gran cantidad de guano, excremento de murciélago para fertilizante, la boca de esa cueva está cerca del cerro.

         Ya en Tepache el evento se desarrolló satisfactoriamente, los cronistas expusieron sus últimas investigaciones ante un público compuesto de estudiantes y población en general. Al final, las autoridades locales de aquel entonces encabezadas por su Presidente Municipal don Juan Montaño Velarde, invitaron con unos tamalitos clásicos de la región que hicieron las delicias de tan distinguidos visitantes. Luego un recorrido por el pueblo.

La historia de Tepache es parecida a la de los demás pueblos de la sierra, una historia de esfuerzo y batallar constante, como la terrible experiencia de aquella mañana del 9 de agosto de 1932 cuando la gran creciente que acabó con los dos Tepaches ubicados cerca del río, entonces los habitantes se establecieron en el sitio actual construyendo en primer lugar la pila para el agua que bombeaban y de allí acarrearla en cubetas para las casas, en torno a la pila se diseñó la plaza, luego las manzanas y se distribuyeron lotes para las familias. A raíz de esto ocurre algo curioso en Tepache tal vez único en el mundo, que cuando se quiso construir el kiosco el centro de la plaza ya estaba ocupado por la pila, es que el depósito de agua era lo principal para un pueblo sediento, entonces lo levantan en una lateral. Este kiosco, singular en la región por su modelo y sencillez, fue construido entre los años 1936-37 por el albañil Juan Vázquez, originario de Oposura, auxiliado por otro albañil, Francisco Martínez (a) “El Marrito”, también originario de Oposura y posterior constructor del templo del lugar. El costo del kiosco y la pista de baile a su alrededor fue de $917.83.

         Algo muy raro ocurrió esa tarde que amenazaba tormenta, el caso es con las primeras gotas todos corrieron al camioncito mientras don Gilberto y yo nos metimos en el VW.

         Así fue como don Gilberto, a sus 83 años, condujo su Volks a través de la sierra sonorense de las seis y media de la tarde a las once y media de la noche bajo un constante aguacero que no permitía ver más allá de 3 metros de distancia. Curvas y más curvas, subidas y bajadas, bajadas y subidas, agua y más agua y don Gilberto como si nada, manejando, platica y plática, el tiempo se me fue sin sentir, todavía al pasar por Ures me dijo que si quería unos tacos de carne asada y él también le entró, luego continuamos el viaje bajo la incesante tormenta que anunciaba el fin de una sequía.

         Después de esa noche el venerable señor no volvió a manejar por carretera, nunca le quise preguntar por qué. Con el tiempo, al recordar el episodio, pienso que fue muy peligroso y don Gilberto lo sabía, su plática fue a propósito para darme valor. Varias veces le dije “don Gilberto, yo manejo” y él me respondía “tranquilo José Luis, tranquilo”.

Esto no quiere decir que don Gilberto me haya dicho mentiras aquella vez, no, años después quise corroborar un dato que me dijo acerca de que probablemente tuviera unos parientes Escobosa en pleno centro de la ciudad de Colima (soy de Colima), investigué y sí, había una familia Escobosa propietaria del restaurante “Las Cazuelas” a tan solo una cuadra de la catedral de dicha ciudad, a unos pasos del jardín Gregorio Torres Quintero.

         Grandes recuerdos con don Gilberto Escobosa Gámez, ícono de los cronistas municipales de Sonora.

         Nota: Algunos datos fueron proporcionados por el Profr. Francisco Blanco Vázquez (qepd) y Profra. Angélica María Dávila Blanco, anterior y actual cronista municipal de Tepache

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